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Obesidad: una problemática que puede prevenirse y en la que inciden cambios ambientales

Por definición, el sobrepeso y la obesidad son una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.

Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad. De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta problemática afecta en la actualidad a más de 1000 millones de personas (uno de cada 8 habitantes) en el planeta, una cifra que se esperaba para 2030 y que ya es una realidad en 2024. En Argentina, según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo publicada en 2019, 6 de cada 10 argentinos están afectados por el exceso de peso.

No obstante, la OMS asegura que el sobrepeso y la obesidad pueden prevenirse, cambiando conductas vinculadas a la alimentación y la actividad física en conjunto. También hay tratamientos médicos que acompañan desde la salud mental y, en algunos casos, alternativas quirúrgicas.

Así, la OMS recomienda como primera medida limitar la ingesta de grasas y azúcares, aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos. En cuanto a la actividad física, el organismo indica que debe realizarse regularmente: los niños deben completar 60 minutos diarios, mientras que los adultos, 150 minutos distribuidos en toda la semana.

Por definición, el sobrepeso y la obesidad son una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla, que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2). En el caso de los adultos, la OMS define el sobrepeso y la obesidad con los siguientes indicadores: el sobrepeso presenta un IMC igual o superior a 25, mientras que la obesidad un IMC igual o superior a 30.

Causas y consecuencias

Desde la década del ’70 del siglo XX la obesidad ha ido en aumento en todos los centros urbanos del mundo. Se ha dado un crecimiento en la ingesta de alimentos de alto contenido calórico, ricos en grasa, y un descenso en la actividad física debido a la naturaleza cada vez más sedentaria de muchas formas de trabajo, los nuevos modos de transporte y la expansión de las ciudades. También inciden factores genéticos, alteraciones metabólicas y el estrés.

La OMS apunta que “a menudo los cambios en los hábitos alimentarios y de actividad física son consecuencia de cambios ambientales y sociales asociados al desarrollo y de la falta de políticas de apoyo en sectores como la salud; la agricultura; el transporte; la planificación urbana; el medio ambiente; el procesamiento, distribución y comercialización de alimentos, y la educación”.

Las consecuencias de la obesidad afectan la calidad de vida de las personas y su estado de salud general. Un IMC elevado es un importante factor de riesgo de enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, la diabetes, los trastornos del aparato locomotor y algunos cánceres (endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon). El riesgo de contraer estas enfermedades no transmisibles crece con el aumento del IMC.

La obesidad infantil se asocia con una mayor probabilidad de obesidad, muerte prematura y discapacidad en la edad adulta. Sin embargo, además de estos mayores riesgos futuros, los niños obesos sufren dificultades respiratorias, mayor riesgo de fracturas e hipertensión, y presentan marcadores tempranos de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y efectos psicológicos.

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